Crónica Allinccapac Taurino
En la comunidad de Pago Carabaya, distrito de Ituata, provincia de Carabaya (Puno), donde el viento serrano parece llevar consigo el eco antiguo del clarín y el redoble de los timbales, la comunidad de Pago Carabaya vivió una tarde taurina el lunes 25 de mayo marcada por la entrega, el sentimiento y el fervor popular, en el marco de un aniversario más de creación política. La plaza se vistió de fiesta y tradición, congregando a aficionados llegados de todos los lugares aledaños, todos expectantes por presenciar una jornada de tauromaquia auténtica y profundamente andina.
Abrió plaza el matador de toros, limeño, Fernando Villavicencio, lidiando en primer turno un ejemplar de la ganadería La Trinidad, propiedad de don Facundo Valenzuela, que pasta en las dehesas cercanas al centro poblado de Tayaccucho. El toro, de capa jabonera, mostró desde la salida una embestida brusca, descompuesta y carente de clase, dificultando de sobremanera la labor del espada. Sin embargo, Villavicencio supo imponerse a las complicaciones del astado con oficio y determinación, extrayendo pases meritorios allí donde parecía imposible el lucimiento. La estocada efectiva y el deseo evidente del torero encontraron eco en el tendido, que finalmente terminó en la concesión de una oreja, premio otorgado por el juez de plaza.
Su segundo enemigo fue, sin discusión, fue un buen toro. Un ejemplar de la ganadería Inmaculada de Macusani, de propiedad de Samuel Cansaya y de procedencia de la dehesa del Manzanal, Colombia, toro de capa castaño oscuro, lucero, meano, bociblanco y botinero, que reunió bravura, nobleza y calidad en cada embestida, de esos que permiten soñar el toreo y que exigen al matador estar a la altura de su grandeza. Fernando Villavicencio logró momentos de temple y hondura, especialmente por el pitón derecho, cuajando tandas de buen gusto que levantaron al público de sus asientos. La faena tenía aroma de triunfo grande, pero la espada, siempre juez inexorable, privó al matador de cortar las orejas que ya parecían aseguradas.
Compartió cartel el matador macusaneño Cristian Ramos, torero de la tierra y de gran expectativa entre sus paisanos, quien tomara la alternativa en la histórica Plaza de Toros Allinccapac, de Macusani, de manos del maestro español Finito de Córdoba y como testigo el mexicano Leo Valadez. A Cristian Ramos le tocaron en suerte ejemplares de la ganadería Garzón de Hanccos, de Coaza. El joven matador mostró en ambos turnos una actitud valiente y decidida, toreando con más ganas que técnica, pero dejando patente su deseo de abrirse camino en el difícil mundo del toro. Se plantó con firmeza frente a sus oponentes, conectando con el tendido gracias a su entrega sincera. No obstante, la espada volvió a convertirse en su principal obstáculo, perdiendo los trofeos en sus dos actuaciones, correspondientes al segundo y quinto de la tarde. Aun así, la afición reconoció su valor y disposición.
Cerró festejo el novillero Juan Carlos Choque, quien enfrentó un novillo de la ganadería La Trinidad. El joven espada dejó una grata impresión al público por sus ganas, su ilusión y el deseo evidente de ganarse un lugar dentro de la tauromaquia. Con la frescura propia de la juventud y el corazón por delante, intentó construir una actuación digna, demostrando que en la provincia de Carabaya también germinan nuevas esperanzas para la fiesta brava.
Mención especial merece el enorme esfuerzo de los alferados de esta tarde taurina: José Ticona y esposa Nivia Rivera e hijos Jhon, Kevin, Brandon y Armando, quienes con sacrificio, dedicación y profundo amor por sus costumbres y tradiciones hicieron posible esta bonita tarde taurina.
Resultado artístico:
Mejor matador: Fernando Villavicencio.
Mejor Banderillero: Richard Huarcaya.
Mejor ganadería: Inmaculada Macusani.

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